miércoles, 5 de noviembre de 2008

Cultura, Tecnológica y Educación

En este artículo Àlvar Álvarez y Roberto Méndez pasan revista a la concepción que históricamente se ha tenido de ciencia y avance tecnológico y aportan reflexiones sobre el enfoque que deberíamos adoptar en nuestros días, especialmente en el terreno de la educación. Los autores empiezan describiendo la visión positivista del avance científico-técnico que predominó durante la modernidad en Occidente y de los problemas que esta concepción presentaba. Después, escriben sobre la crisis de fe en el progreso que suponen los cambios sociales de las últimas décadas y los planteamientos de la sociedad posmoderna. Como alternativa a la confusión o a las concepciones deterministas, se introduce el concepto de ingeniería heterogénea o tecnología en acción. Estos conceptos, más comprensivos, pretenden ser un punto medio en que se entienda la relación entre ciencia, tecnología y sociedad de una forma más amplia y multidireccional. Puesto que uno de los puntos importantes de la tecnología en la era posmoderna es su diversificación -el hecho de que ya no se reducen a herramientas como martillos- los autores del artículo hacen una clasificación conceptual de las tecnologías: artefactuales, organizativas, simbólicas y biológicas. Esta clasificación, al final, no pretende más que analizar la dimensión que los avances científico-técnicos tienen hoy en día y su interacción con la sociedad. El análisis del texto conduce a proponer cambios en la educación con respecto al estado de la sociedad en su triple dimensión (científica, tecnológica y social). Teniendo en cuenta la caducidad de los saberes que caracteriza nuestro mundo, Álvarez y Méndez orientan la reflexión hacia una educación no tan alejada del mundo real, hacia una visión global de los fenómenos acaecientes y hacia un "saber hacer" y "saber escoger" delante de la complejidad.

Desde mi punto de vista, los retos que sugiere el artículo están muy bien descritos pero, quizás, las posibles soluciones quedan algo difusas. Algunos autores han hecho la metáfora del paso de la modernidad a la posmodernidad como el paso de la brújula al radar. "Ha perdido el norte" decimos a menudo cuando alguien está trastocado o no sabe a donde va. Pues bien, ahora ya no tenemos la brújula que nos indicaba la dirección que debíamos seguir, sinó que estamos dentro de un radar donde conocemos todas las posiciones pero no el camino a seguir. Ante esta perspectiva todo resulta mucho más confuso y creo que se debe hacer un esfuerzo encaminado a la gestión de la complejidad. Hasta donde yo sé, se ha tratado de dar respuestas de índole muy diverso y desde distintas disciplinas a este reto, pero parece ser que todavía no hay nada que esté del todo claro. ¿Alguna idea?

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