En este artículo de Iolanda García se aborda una relación muy relevante en nuestros días: exclusión y nuevas tecnologías. Parece ser que una de las cosas que se observan es que, generalmente, la exclusión social está relacionada con la falta de acceso o el analfabetismo tecnológico. Así mismo, se considera que facilitar el acceso a las TIC a los sectores más desfavorecidos resultaría un remedio importante para el proceso de integración. La autora, de la mano de otros teóricos, señala que las TIC suponen una herramienta fundamental para la creación de vínculos sociales y participación ciudadana, punto, este último, que me despierta cierta inquietud ya que considero que la actitud prosocial a través de las TIC es todavía algo incipiente. El texto adjunta un cuadro explicativo muy explícito que me resulta muy interesante. Es el siguiente:

El planteamiento que hace para la inclusión es muy completo pero, desde mi punto de vista, es excesivo situar las TIC en el centro del debate de la inclusión social como remedio que tiene que solventarlo todo. Estoy totalmente de acuerdo con Iolanda García cuando, para concluir, manifiesta que se quizás se está depositando demasiada confianza en el potencial cohesionador de las TIC y que reducir el proceso de bienestar social a las tecnologías y olvidar otros factores (educativos, políticos, económicos, etc) sería algo absurdo e incluso peligroso.
La autora del ensayo cita a Graham para describir una idea interesante: "el uso de las TIC puede amplificar el poder político, económico y social de las personas que ya dispongan de él en cierta medida, pero la falta de acceso a las TIC para las personas que no posean este poder, provocará incluso su disminución". Estas ideas me recuerdan mucho a las que manifestaban Castells y Himanen en 2002 en su estudio El Estado del bienestar y la sociedad de la información: El modelo finlandés. En este libro se explica como el proceso de globalización y tecologización ha sido exitoso en Finlandia -ya que antes de la revolución tecnológica ya disponía de un Estado del bienestar y unos valores sociales firmes- mientras que en otros países como EE.UU. la implantación de las TIC ha agraviado las desigualdades.
Por todos estos últimos argumentos y por la misma conclusión de la autora del artículo, me quedo con la impresión de que, en el fondo, la falta de acceso o el analfabetismo tecnológico es algo similar al analfabetismo del siglo XX, a la falta de hábito de lectura o de acceso a otras manifestaciones culturales (cine, teatro, prensa, etc) o a las carencias educativas en sí. Así pues, el mundo se complica y, aunque mi madre ha leído a Dostoievski y a Voltaire, puede tener serios problemas ya que no sabe ni encender un ordenador.
A hopeful view of world education through new technologies:

El planteamiento que hace para la inclusión es muy completo pero, desde mi punto de vista, es excesivo situar las TIC en el centro del debate de la inclusión social como remedio que tiene que solventarlo todo. Estoy totalmente de acuerdo con Iolanda García cuando, para concluir, manifiesta que se quizás se está depositando demasiada confianza en el potencial cohesionador de las TIC y que reducir el proceso de bienestar social a las tecnologías y olvidar otros factores (educativos, políticos, económicos, etc) sería algo absurdo e incluso peligroso.
La autora del ensayo cita a Graham para describir una idea interesante: "el uso de las TIC puede amplificar el poder político, económico y social de las personas que ya dispongan de él en cierta medida, pero la falta de acceso a las TIC para las personas que no posean este poder, provocará incluso su disminución". Estas ideas me recuerdan mucho a las que manifestaban Castells y Himanen en 2002 en su estudio El Estado del bienestar y la sociedad de la información: El modelo finlandés. En este libro se explica como el proceso de globalización y tecologización ha sido exitoso en Finlandia -ya que antes de la revolución tecnológica ya disponía de un Estado del bienestar y unos valores sociales firmes- mientras que en otros países como EE.UU. la implantación de las TIC ha agraviado las desigualdades.Por todos estos últimos argumentos y por la misma conclusión de la autora del artículo, me quedo con la impresión de que, en el fondo, la falta de acceso o el analfabetismo tecnológico es algo similar al analfabetismo del siglo XX, a la falta de hábito de lectura o de acceso a otras manifestaciones culturales (cine, teatro, prensa, etc) o a las carencias educativas en sí. Así pues, el mundo se complica y, aunque mi madre ha leído a Dostoievski y a Voltaire, puede tener serios problemas ya que no sabe ni encender un ordenador.
A hopeful view of world education through new technologies:
No hay comentarios:
Publicar un comentario